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“El tiempo detenido”, el legado fotográfico de Emeterio Cuadrado

Revista Entrelíneas.

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"El tiempo detenido", el legado fotográfico de Emeterio Cuadrado.

Los amantes de la arqueología están de enhorabuena ya que el Museo Arqueológico Los Baños acoge hasta el próximo 4 de diciembre la exposición “El tiempo detenido” el legado fotográfico del arqueólogo Emeterio Cuadrado.

La exposición celebra fotográficamente, la fructífera vida de Emeterio Cuadrado, uno de los padres de la arqueología. Su profesión de Ingeniero de Caminos, Canales y Puertos le propició desarrollar científicamente su vocación por la arqueología, llevada al extremo de excavar y estudiar durante cuarenta años el complejo ibérico de El Cigarralejo (Mula). Colección que será el germen de este museo, al cederla al Estado para su exhibición en beneficio de la cultura en general y de sus paisanos en particular.

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Entre los frutos de su dilatada labor dejó una pléyade de discípulos que aprendieron de él, sus novedosas técnicas de excavación. Sus seguidores, que hoy ostentan puestos de responsabilidad en la arqueología nacional o regional, han impulsado este homenaje que honra tanta al maestro como a sus discípulos y que ha propiciado el pueblo de Mula a través de la Asociación de Amigos del Museo de El Cigarralejo (ASAMIC).

Emeterio Cuadrado, el arqueólogo

El interés por la historia que heredó nuestro protagonista de su padre, queda demostrado en las leyendas de corte medieval que escribió de joven. Influencias por las obras románticas de su casa de Mula. Pero fue la gran oportunidad que le brindaron las obras del Canal del Taibilla las que le condujeron al descubrimiento de la arqueología. Los múltiples yacimientos encontrados a lo largo de la construcción del canal (hubo que practicar, decía él, una zanja de 200 km) le abrieron el interés hacia esta nueva ciencia, aún por descubrir. Los primeros hallazgos fueron el yacimiento del Macalón (Nerpio), seguido del de La Encarnación (Caravaca), pero el que significó su bautismo arqueológico fue el argárico de la Almoloya (Pliego) que excavó y publicó con el apoyo de la Comisaría de General de Excavaciones Arqueológicas, que le nombró Comisario de Excavaciones de Cartagena. Publicó sobre la expansión de la cultura del Argar y su armamento.

Tras el dramático período de la guerra dese su puesto de Teniente de Alcalde de Cartagena, consigue la creación del Museo Arqueológico de la ciudad apoyando la iniciativa del entonces jovencísimo Antonio Beltrán, con el que crea los Congresos Arqueológicos del Sudeste que se celebraron cinco años, ascendiendo al ámbito nacional y que tuvieron gran influencia en el desarrollo de la ciencia arqueológica peninsular.

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En 1945 descubre casualmente el complejo ibérico de El Cigarralejo, (poblado santuario y necrópolis), cuyo estudio le ocupará el resto de su vida. Los restos del santuario dieron como fruto, además de la planimetría del edificio, el hallazgo de los exvotos, muchos de ellos enterrados en la favissa, (producto de una ocultación ritual), entre los que se encuentran las representaciones de équidos. Concluyó que la advocación del sitio sagrado podría ser la diosa Potnia Terón, protectora de los caballos. Desde el santuario de domina el bancal inmediato al escarpe del río Mula, donde otra casualidad alumbró la situación de la necrópolis al encontrarse una olla llena de cenizas, al plantar un frutal. Compró el bancal y desde entonces dedicó sus vacaciones estivales de los siguientes cuarenta años a excavar la necrópolis con la inestimable colaboración permanente de su esposa y la eventual de algunos de sus hijos. Con el tiempo construyó una casilla de treinta metros cuadrados donde pernoctar a la que, adjudicó el apelativo de Hotel Necropol, para ganar el tiempo de los desplazamientos. Acogedor y abierto a todos los interesados en el tema, por allí y por su casa de Mula pasaron muchos especialistas y profesores en la materia de España, Portugal, Francia y Alemania, así como alumnos de la Universidad de Murcia. La severa y novedosa metodología con la que se excavó  el yacimiento, propia de un geómetra ingeniero, y la sistemática clasificación con que se fueron ordenando los ricos materiales extraídos de las más de cuatrocientas tumbas excavadas la encuadran cronológicamente entre los siglos IV y I anteriores a nuestra era.

Fruto de sus investigaciones fue la publicación por el Consejo Superior de Investigaciones Científicas de los ajuares de más de trescientas tumbas, cuyas conclusiones han alumbrado los trabajos de los iberistas de las generaciones posteriores. Sus investigaciones publicadas sobre el armamento, la cerámica de barniz rojo o la fíbula anular hispánica, siguen estando de máxima vigencia.

Sus contactos con científicos de otras nacionalidades, como el Instituto Arqueológico Alemán del que era miembro, le granjeó el reconocimiento internacional. Fue comisario de excavaciones de Guadalajara donde, realizó excavaciones en yacimientos celtibéricos. Funda Asamar que presidió hasta su muerte y que acogió a muchos conferenciantes, desde catedráticos a simples alumnos universitarios que con el paso del tiempo ostentarían puestos de responsabilidad en el panorama cultural de nuestro país.

Emeterio Cuadrado continuó investigando hasta que tras sufrir varios infartos cerebrales murió en enero de 2002. Fue entonces cuando cedió su biblioteca arqueológica al Museo Arqueológico Provincial (Madrid); la de Mula al Museo la Universidad de Murcia y encarga a sus herederos que la colección de exvotos ibéricos pase a formar parte del Museo El Cigarralejo.

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