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La vida alegre

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La gente pierde mucho el tiempo leyendo libros. Con la cantidad de catálogos de supermercados y perfumerías que hay y que te ilustran sobre qué comprar. Guías útiles para gastar mejor tu dinero, ese dinero que se obtiene en el feliz y saludable trabajo.

También hay quienes pierden el tiempo yendo a los teatros y a los museos. Yo, por supuesto, prefiero ver partidos de fútbol con insultos y programas de tertulias sobre jóvenes muy guapas cuyas veleidades nos distraen de la realidad. La cultura, ya se sabe, sí que ocupa lugar y mucho tiempo. Hay que ser un estúpido para dedicar toda una vida a leer novelas y estudiar en las universidades conocimientos y conceptos que solo te van a servir para comprender el mundo un poco mejor. O para encontrar un trabajo cómodo y adecuado a tu perfil. Cuando lo verdaderamente divertido es hacer ejercicio físico y moldear tu cuerpo como una estrella de cine. Ser superficial es menos doloroso que sufrir por cuestiones filosóficas complicadas que no conducen a ninguna parte. Pensar, a la larga, envejece. No hay más que ver a los filósofos y a los profesores de matemáticas: no hay ninguno que se parezca a Brad Pitt o a Elsa Pataki. También hay quienes no se ocupan de su aspecto físico y viven al margen de las tendencias actuales. Es preferible gastar dinero en ropa de marca, de esa que publicitan en la santa tele y que vale un poco más que el resto pero que te nutre el ego y te hace creer que eres un poco mejor ante los ojos de los amigos. Lo importante no es ser, sino aparentarlo. Cuando tengo algún ahorro lo gasto en perfume del caro: es el que mejor huele y el que contribuye a alimentar a las modelos anoréxicas que los anuncian. Huele a dinero, a éxito, a poder, a sexo virtual. Me lo echo y me lanzo a la calle, a bares de copas de moda en los que las chicas parecen muñecas y se estremecen al ver mi pelo engominado y mis músculos plastificados con hormonas. Las conversaciones fluyen con los gin-tonics de un modo natural. Hablamos de chismorreos, de chicas y chicos guapos, superficiales como nosotros, de música que está de moda e incluso de libros. Más bien, hablamos de libro en singular, porque es el único libro que merece la pena, el de las sombras esas del fulano Grey, que está superbién escrito y que tiene tanto morbo y refleja como ninguno nuestras aspiraciones sexuales y vitales. Me despido porque tanto escribir cansa, así de golpe, voy a ponerme algo de crema en las yemas de los dedos, a echar una siesta y al gym, que luego tengo un cocktail en un pub-lounge con unas celebrities que conocí en un branch de la pasarela Cibeles. Esta vida es así, qué le vamos a hacer, mon amour.

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