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Marta Serrano (a la izquierda) y su compañera Tere García el pasado 21 de septiembre en las primeras jornadas sobre Trata en la Región de Murcia, organizadas por el Programa Oblatas Murcia.

El pasado 20 de noviembre se conmemoró el Día Internacional de los Derechos del Niño y la Niña y mañana, 25 de noviembre, es el Día Internacional para la Erradicación de la Violencia contra las Mujeres. Con motivo de estos dos días, entrevistamos a la educadora social Marta Serrano, vecina de Alhama y redactora de Entrelíneas. Marta lleva casi una década trabajando en el Programa Oblatas Murcia, cuya finalidad es impulsar la inclusión social de las mujeres en contextos de prostitución, víctimas de trata o en situación de exclusión social. Marta conoce de primera mano cómo son todas esas historias que hay detrás de las personas: mujeres, niños y niñas a las que en el Programa Oblatas Murcia ponen nombres y apellidos. 

Entrelíneas: ¿Crees que hay desconocimiento en la sociedad sobre qué es la Trata de Personas?

Marta Serrano: Sin duda, hay mucho desconocimiento. En los medios de comunicación se usan indistintamente términos como: prostitución, explotación sexual, trata, tráfico de personas… cuando son términos diferentes, que definen acciones distintas…Y eso no ayuda a que la sociedad esté informada sobre el grave delito que es la Trata.

ENT: Pero ahora hay campañas para sensibilizar sobre el tema, como la de la Policía Nacional bajo el slogan “contra la trata, no hay trato”. Es un paso ¿no?

MS: Sí, un paso importante. Hay que ir poco a poco, ir construyendo una sociedad sensible con el tema, pero aún hay mucho camino por andar. Pensemos que a principios de los ochenta en las Naciones Unidas se comenzó a debatir sobre la necesidad de eliminar la violencia ejercida sobre las mujeres por el hecho de ser mujeres, pero en España ese diálogo no se convirtió en Ley específica para luchar contra la violencia de género hasta el 2004, y eso jurídicamente hablando es anteayer. Pero a día de hoy, todas las personas saben qué es la violencia de género, las administraciones hacen actos conmemorativos en noviembre, hay material de difusión al alcance de todos en locales públicos… En mi opinión, habría que seguir caminando en esa línea también sobre la Trata de Personas, para que la sociedad esté atenta ante posibles casos de trata que hay en su barrio, en su escalera… porque la Trata no es algo que “pasa en otro sitio”, y es una forma más de violencia hacia la mujer.

“Cuando pones rostros a la Trata, no importa la nacionalidad ni el color de piel. Son mujeres, iguales a mí. Iguales a todas”

ENT: La mayoría de las víctimas de Trata son mujeres extranjeras. ¿Crees que ese puede ser uno de los motivos por los que cuesta más sensibilizar? Porque quizás nos parezca lejano.

MS: Sin duda los grupos empatizan con grupos con los que se sienten identificados. Por ello hay un atentado en Europa, y todo el mundo se cambia el icono de whatsapp, pero a diario hay atentados en Oriente, y a nadie le importa. No son blancos, no son católicos… son “el otro”. Y ese pensamiento etnocentrista es muy peligroso. Aunque existe la Trata nacional, es cierto que la mayoría son mujeres inmigrantes. En alguna ocasión en mi trabajo nos ha pasado con colaboradores y voluntarios, que cuando vienen al Programa, y ven a alguna de las mujeres que están con nosotras, nos dicen “si esta mujer vive en mi barrio”, o “compra en el mismo supermercado que mi madre”… Cuando pones rostros a la Trata, no importa la nacionalidad ni el color de piel. Son mujeres, iguales a mí. Iguales a todas. Y están entre nosotros, pero sufriendo privaciones y abusos que no somos capaces de imaginar.

ENT: ¿Qué situación es la que más te indigna de aquellas que te ha tocado vivir en el trabajo?

MS: Me indignan muchas situaciones, pero si tuviera que quedarme con algo, me duele cuando hay menores de por medio. Cuando hay niños y niñas que son usados para ejercer control sobre sus madres, para obligarlas a ejercer prostitución, o cuando los propios niños han sido víctimas de abusos físicos y psíquicos. Las mujeres víctimas de Trata, no tienen ningún control sobre su maternidad. Imagina que pobreza tan grande: ser mujer y no poder decidir sobre tu cuerpo, sobre si quieres tener hijos o no, o poder elegir con quién tenerlos. Parece un derecho básico, pero no lo es para muchas mujeres.

“Es muy difícil de llevar este trabajo cuando hay niños y niñas que son usados para ejercer control sobre sus madres, para obligarlas a ejercer prostitución, o cuando los propios niños han sido víctimas de abusos físicos y psíquicos”

ENT: ¿Hay momentos de desánimo?

MS: Claro que los hay. Mis compañeras y yo somos mujeres acompañando a otras mujeres en un proceso de inclusión. Ese proceso, es muy largo. Pasan años, hasta que la mujer se empodera. Pero hay muchas mujeres que, no diré que se nos quedan por el camino, pero sí que sus procesos se paran, se nos escapan entre las manos… Y da tristeza, pero hay que pensar que el vínculo sigue ahí, y la mujer tiene la puerta abierta para volver siempre que lo necesite. Y aunque hay malos momentos, siempre ganan los buenos. Porque las mujeres son mujeres fuertes, llenas de esperanza. Mujeres que han cruzado fronteras por tierra y mar, para conseguir el sueño de mejorar su vida y la de sus familias. Es un sueño totalmente legítimo, que creo que cualquiera de nosotros tendría si hubiera nacido en países en los que los derechos… simplemente no existen.

ENT: ¿Cuáles son vuestras “armas” para luchar contra la Trata?

MS: Apostamos por la formación, como forma de empoderamiento. La mayoría de mujeres con las que trabajamos son analfabetas. Imagina esa pobreza: no ser capaz de leer un nota que el maestro de tu hijo te ha puesto en su mochila, o no poder leer el horario del niño para saber qué día hay educación física y debe llevar ropa deportiva. Y de ahí todo lo demás: una receta médica, el prospecto de un jarabe… Nosotras tendríamos dos caminos por los que ir: uno en el que acompañamos a la mujer, y el otro camino sería la sensibilización. Cada una de las personas somos parte de esa transformación social que pretendemos, y haciendo visible este delito que es la Trata, quizá consigamos una sociedad más atenta a las injusticias, más dada a la acción y a intentar aportar su grano de arena. Porque como dice Benjamín Prado, hay quien es culpable de no haber hecho nada. Los me gusta en Facebook, no salvan vidas. Ayudar cuando tenemos la oportunidad de hacerlo, sí.

“Apostamos por la formación, como forma de empoderamiento. La mayoría de mujeres con las que trabajamos son analfabetas”

ENT: ¿Cómo conseguís que las mujeres conozcan el Programa Oblatas?

MS:Acercándonos a los lugares en los que están. Salimos a zonas de prostitución de calle en Murcia, en horario de mañana y de noche. Y también visitamos pisos en los que hay mujeres ejerciendo prostitución, en varias localidades de Murcia. El objetivo, en principio, no es que se acerquen a nuestro Centro de Día, sino que conozcan los recursos sanitarios, sociales, policiales… por si en algún momento los necesitasen, que conozcan sus deberes y derechos… porque suelen estar muy aisladas. También funciona mucho el boca a boca: Mujeres que nos conocen y que recomiendan a otras mujeres que vengan a vernos si tienen problemas. Eso es bonito, crear red entre las propias mujeres, que se ayuden entre ellas.  

ENT: ¿Lo mejor de tu trabajo?

MS: Aprender todos los días. Compartir mi vida con mujeres de varios países y culturas, que a diario me enseñan a respetar y conocer “al otro”, a ejercitar la empatía a diario. Es una oportunidad de formar parte de sus vidas, en malos momentos, pero también en muchos momentos vitales bonitos: nacimientos, cumpleaños, bautizos… También, en mi trabajo siempre presumo de compañeras. Creo que es muy importante en un trabajo tan “emocional”, formar parte de un Equipo de profesionales que nos cuidamos, nos preguntamos cómo estamos, porque es básico que nosotras estemos bien para poder trabajar con las mujeres. Y eso, en Oblatas, lo tenemos. Y es un regalo.

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