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El sistema económico

Por: Damián Tarancón. Economista e Historiador.

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El sistema económico.

En 1904, Max Weber escribía: “El orden económico capitalista actual es como un cosmos extraordinario en el que el individuo nace y el que, al menos como individuo, le es dado como un edificio prácticamente irreformable, en el que ha de vivir, y el que impone las normas de su comportamiento económico, en cuanto que se halla implicado en la trama de la economía”. Así veía el pensador alemán el espíritu del capitalismo: como un edificio irreformable.

“El capitalismo se ha hecho tan mayor que toma sus propias decisiones. El inconveniente es que como ‘orden económico’ ya no sirve, porque no sabe ni puede solucionar los problemas que genera”

Escribía esto apenas iniciado el siglo veinte, pero a partir de la segunda década se inicia un proceso en el que el capitalismo, en una parte de Europa, no solo es reformable, sino sustituible. Además, ciertas corrientes de pensamiento y un gran número de intelectuales, en los treinta hasta los setenta, critican a ese “edificio” del capitalismo como insostenible. La primera reacción, como la de todo organismo que tiene deseos de supervivencia, fue la de defenderse y en eso estuvo ocupado hasta mediados de los cuarenta.

Acabada la Segunda Gran Guerra, necesariamente ha de cambiar de táctica y sus normas de comportamiento económico empiezan a flexibilizarse. Esas concesiones se manifiestan en la progresiva implantación del “Estado del Bienestar”. Pero, a la vez que aparecen esas concesiones a la intervención del Estado, a la progresión impositiva, a ciertas restricciones a la propiedad, etc., el capitalismo va mutando en el aspecto ideológico (su ética y su filosofía van cambiando), en el aspecto puramente económico (la empresa, el empresario…) y en su manifestación más significativa (el capitalismo industrial declina a favor del financiero).

Estos cambios conviven en el edificio capitalista reformado hasta que, poco antes de la última década del siglo veinte, cae el sistema económico que pretendía sustituir el edificio y el capitalismo vuelve a ser el único que impone las normas del comportamiento económico. Weber hablaba de los países occidentales, pero  ahora, debido a la globalización, se puede hablar de prácticamente todo el mundo. En ese “cosmos extraordinario” del capitalismo, las decisiones sobre en qué se debe invertir, qué se debe producir, qué tecnología se debe usar y para quién se debe producir  son tomadas a nivel mundial y por instituciones que se han liberado de la tutela y del control del Estado.

Acabada la Segunda Gran Guerra, necesariamente ha de cambiar de táctica y sus normas de comportamiento económico empiezan a flexibilizarse. Esas concesiones se manifiestan en la progresiva implantación del “Estado del Bienestar”

El capitalismo se ha hecho tan mayor que toma sus propias decisiones. El inconveniente es que como “orden económico” ya no sirve, porque no sabe ni puede solucionar los problemas que genera. Podemos citar uno de los más actuales: el paro. ¿Alguien cree que este sistema, para el que el trabajo es una mera mercancía que se rige por la ley de la oferta y la demanda, puede dar solución a la mano de obra desocupada? Parece que no, más bien con la misma mano de obra en activo tratará (es la ley de la productividad) de conseguir más producción y, por tanto y por aquello de reducir costes y aumentar los beneficios, ocupar menos mano de obra.

En resumen, parece dudoso que este sistema pueda ser el salvador definitivo. Por tanto, habrá que seguir buscando otras alternativas más racionales y más humanas.

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