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Quizás el mundo necesite más días como el de anteayer. Domingo, 4 de junio, Alhama de Murcia y una pequeña feria de alimentos ecológicos donde el tiempo y las semillas se convierten en la única moneda social que nos alza más fuertes y que hace parar las urgencias del mundo. Un mercado de pan, de fruta y tomillo, de bizcochos y amistad que como una jacaranda dejó caer sus flores azules al suelo durante unas horas y después desapareció dejando en los ojos la sombra radiante de un cielo añil.

Quizás la cultura que vive en los silencios y no la que surge del ruido, es la que debiera ser subvencionada y protegida por nuestras autoridades. Esos momentos previos a un abrazo entre amigos, el vacío de una copa antes de sentir el vino, el tiempo de calma en el que fermenta el pan o se enciende una vela. La respiración de un mundo silencioso, defensor de la tierra que lo alberga, tolerante con la diferencia y con la seriedad de los alzacuellos.

“Quizás la cultura que vive en los silencios y no la que surge del ruido, es la que debiera ser subvencionada y protegida por nuestras autoridades”

Quizás un albaricoque, las pompas de jabón o una semilla de mostaza deberían ser las únicas medicinas ante la enfermedad que nos inyectan en vena desde la cuna. El brillo falsea y deslumbra la verdadera naturaleza de las cosas, nos hace olvidar aquello que nos resulta invisible.
Quizás debiéramos acoger en nuestro hogar palabras que no lleven animales heridos de muerte en su interior y descubrir la tarea que no hará daño a nuestro prójimo. Trabajar la tierra y sus frutos y con esta idea, encontrar la fórmula de la felicidad similar a los libros de los niños pequeños: con pocas palabras y muchos colores.
Reconozco que son demasiados los quizás que podrían haber mejorado la jornada de ayer pero también fueron bastantes los besos, los guiños y sobresaltos que llevaron a un grupo humano al ritmo de un solo corazón, de un grito luminoso sabiendo de ante mano que nadie los escucha.
Son días inolvidables en que los poetas deciden plantar en tierra firme la higuera bajo la cual descansará su cuerpo.

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