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Estamos asistiendo a la aparición o, por ser más precisos, a la consolidación de una nueva subdivisión del homo sapiens: el “homo oeconomicus”. No es así en su sentido estricto, que significa metódico u ordenado, ni porque sea el hacedor de la economía o porque solo le interese ese aspecto de la vida, sino porque es la economía la que fabrica y modula al hombre actual. Hace unos años, no tantos, al hombre se le podía definir como “homo religiosus”. La religión era la que le aportaba los valores y esos valores regían también las relaciones económicas. Bien es cierto que la economía fue imponiendo sus criterios a los usos religiosos, pero todavía era la moral (laxa en esta materia, pero moral) la que marcaba las relaciones oficiales.

Desde hace unos años (no me atrevo a poner fecha porque los procesos son lentos e inapreciables en cada momento) la economía es la que marca la forma de ser y de comportarse del ser humano. Van cambiando las formas de producción, la propiedad ya se distribuye de otra manera y la forma de acumular capital es distinta, la empresa, en vez de dividir, integra, las técnicas de motivación laboral cambian de signo, cambia la relación del individuo  con los otros, sobre todo en las relaciones laborales: se le obliga a ser más independiente, tan independiente que, si no puede ser empresario o  funcionario, se tiene que convertir en trabajador autónomo. Esta forma de ser autónomo e independiente es la forma más sibilina de inutilizar e incapacitar al individuo para que, siendo realmente independiente, pueda luchar por un cambio. Nunca luchará por un cambio real; si triunfa, es porque es emprendedor y se lo merece y, si fracasa, es porque es autónomo y no ha sabido acomodarse al momento económico. En ambos casos, el individuo queda paralizado por el éxito o por el fracaso. Lo más que se le alcanzará es pedir que el Estado debe capacitar a los individuos para luchar en ese campo de la economía.
El capitalismo, sin apenas hacer cambios en su forma de ser, ha conseguido cambiar al hombre, hacerlo “oeconomicus”, para que le siga sirviendo. El capitalismo ha tenido muchas crisis, eso está en su propia naturaleza, y las modificaciones que hace en su salida hacen más referencia a los demás que a su estructura, él sigue igual. Ahora estamos, eso dicen, en el neoliberalismo y vemos que el capitalismo es el mismo, lo que ha cambiado son las relaciones entre los individuos y con el Estado.  Es más, en la última crisis aparecen algunos dirigentes políticos con espíritu de intelectuales que dicen que el capitalismo está enfermo y que hay que reformarlo. Así se manifestaron, por ejemplo, N. Sarkozy, T. Blair, etc. y dijeron que la reforma del capitalismo había que hacerla con más intervención del Estado. Así se ha hecho y hemos visto el resultado: no hay intervención del Estado según el sistema de Keynes, sino una intervención del Estado para sacar a flote las instituciones financieras, que, si no estoy mal informado, son los instrumentos más importantes del capitalismo.

“Al hombre actual le preocupan mucho los modales parlamentarios, pero nadie pregunta o, por lo menos, nadie nos explica, lo que realmente pasó con el dinero que se dio a los bancos o la compra y venta de los bancos en el momento actual”.

Esta crisis ha sido muy curiosa. Es crisis del capitalismo, pero los capitalistas salen de ella más ricos y los pobres más pobres. Hay muchas referencias a la profundización de las diferencias en la sociedad. Claro que como eso es producto de la crisis, a ella hay que echarle la culpa y todos tan contentos. Otra cosa que le pasa al hombre actual es que como es producto de la economía se ocupa de casi todo menos de lo realmente económico. Al hombre actual le preocupan mucho los modales parlamentarios, la democracia en los partidos y fuera de ellos, la corrupción (que se hace interminable por algún motivo), la separación de poderes, las declaraciones institucionales, los deportes, el nacionalismo, los que son de los míos …, pero nadie pregunta o, por lo menos, nadie nos explica lo que realmente pasó con el dinero que se dio a los bancos, la compra y venta de los bancos en el momento actual, las autopistas, qué pasa con el dinero que han robado los corruptos (por cierto, si supieran que al salir de la cárcel no tienen nada, se lo pensarían más), el lío de ciertas empresas, las relaciones laborales… Si a todo esto añadimos el miedo generalizado y con base real a quedarse sin trabajo, un miedo que paraliza hasta a los sindicatos, tendremos una ligera imagen de lo que la economía ha hecho del hombre. Este objetivo viene desde hace ya años. M. Thacher, la llamada Dama de hierro, tenía este lema: “La economía es el método, el objetivo es cambiar el alma”. Y, de momento, lo han conseguido.

Por Damián Tarancón Lagunas.

Mayo de 2017.

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