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Aprendiendo con Borges

Por Pedro Casamayor.

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A base de tiempo y prórrogas vencidas, uno empieza a saber el lugar que le gusta ocupar en las fotos: ni demasiado atrás en donde nadie ve el insomnio de tus pretensiones, ni demasiado delante por si acaso tapas la alegría de quien cumple años.

“La seguridad en el mañana duerme en una erección siempre a punto de estallar”

Excesivo conformismo el mío, al esperar durante mucho tiempo que alguien me regale unas flores; quizás fue demasiado el alcohol en el monólogo y esto solo ayudó a formar más costra en mi intimidad. Es así que sin más aplazamientos, sembré en el huerto unas peonías en las que refugiar mi pasado a salvo del olvido y con las que solo hiero la avaricia de algunos pulgones bañados en miel.

Con mi tiempo, he aprendido a sonreír con mejores intenciones cuando he visto a gente demasiado enamorada del olor de su ombligo, como estrellas que solo obedecen a su campo gravitatorio y que en los andenes esperan eternamente su reconocimiento y gloria. Al final serán sus palabras bajo la tierra igual que una lápida en blanco sobre la resignación de los muertos.

En este tiempo he dejado de creer en las promesas, en los planes de pensiones, en una Venecia vacía de turistas y tablets al sol. La seguridad en el mañana duerme en una erección siempre a punto de estallar y ves cómo te agarras cada día con más fuerza a los besos que cedes al pedir perdón, que pones menos sal en los desaires con los amigos y que es en el dial del silencio donde escuchas la mejor música.

Con el tiempo cada vez haces más rápido y mejor la maleta cuando vas de viaje: ya no guardas las inclemencias de todas las estaciones en los bolsillos laterales, las camisetas negras no dudas en mezclarlas con las verdes y las arrugas de los pantalones las adormeces con el olor a whisky de la petaca sin importarte su profundidad. Sustituyes toallas por libros de poesía y canjeas olores de naftalina por otros de limones en flor.

Es lo que tiene el tiempo, es en lo que te conviertes con el tiempo y eliges ser con él. No cabe duda que dentro de este circo donde hay vivos completamente muertos y muertos que no lo están del todo, hay más opciones y formas de hacer una maleta, de sonreír a la fugacidad de una estrella de paja, plantearse un futuro de éxito, hacer el amor con tu soledad, pero todas bajo el sol amenazante e irrepetible del tiempo.

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